Por Lucía Natividad Díaz

En el año 2020 con una pandemia acechando el mundo pudimos entender la importancia del pensamiento sensible y artístico en nuestras vidas y cómo éstas son necesarias para la subsistencia de nuestra vida cotidiana, pudimos observar de manera masiva la importancia de alimentar nuestro mundo sensible. Frente a la imposibilidad de encontrarnos de manera comunitaria, las artes fueron un espacio que salvaguardó nuestra psiquis, ya sea para lxs artistas que podían expresarse a través de los diferentes lenguajes o de aquellos espectadores que volcaron largas horas en acudir al salvataje sensible que ofrece el arte en sus diferentes expresiones, seguramente, con el impulso de no convertirnos en robots, de contrarrestar quizás la automatización y valorar el contacto con el otro.  A través de nuestra sensibilidad es que tenemos la capacidad de crear y construir. El lenguaje, las artes y todos los ámbitos simbólicos y sensibles son los que nos permiten construir realidad, porque ante todo somos seres culturales. Pero las artes han tenido que buscar durante la historia mundial las formas de subsistir y de existir en un mundo que resulta frio, hostil y lejano, que le da poco valor a lo estético y a la sensibilidad. Tal como se vio en la pandemia y pese a los beneficios que tienen las artes en la sociedad, éstas se encuentran poco financiadas y los Estados lejos de fortalecer las áreas expresivas atentan contra ellas. Los artistas, como espadachines con escarbadientes, padecen día a día el haber elegido una carrera donde prime el conocimiento sensible y se ven obligados a subsistir económicamente con otros trabajos, con otras formas de organización económica. No es novedoso, son muy pocos quienes pueden vivir del arte. Ahora bien, es el Estado, cuando se encuentra comprometido con su pueblo y tiene la decisión política y de gestión quien realmente logrará el acceso para áreas que sin intervención solo están reservadas para unos pocos.

Volviendo a la pregunta inicial, ¿por qué el gobierno anarcocapitalista, supra neoliberal de Milei en complicidad con Macri viene por el arte? Porque vivimos en un mundo simbólico que construimos principalmente a través de la palabra y así configuramos todo aquello que construimos. La cultura es lo que nos distingue de los animales, construimos signos y símbolos a través de los cuales desarrollamos nuestra capacidad organizativa, social, la particularidad de cada sociedad, de cada individuo y fomentamos nuestras comunidades con una mirada particular. Si el Estado no se encuentra presente para hacer acceder a las clases bajas y medias, para facilitar el acceso a los diferentes tipos de lenguaje artístico, las artes solo quedan reservadas para el diez por ciento de los ricos.

Pero esto no termina acá. Hay y hubo poco interés en darle relevancia a estas áreas, sobretodo frente al avance del individualismo y la posmodernidad en un mundo globalizado, donde el único DIOS es el dinero y la timba financiera constante. El ser humano atraviesa un proceso de deshumanización. ¡Qué panorama para elegir ser artista! Pero no es solo que tenés muchas chances de padecer el sistema por la sensibilidad que nos habita, sino que, en lo concreto, porque la heladera no se llena sola. Usted no sabe cuántos artistas hay detrás de un escritorio o que le sirven un café en el barcito… Ni se imagina. Pero incluso esos que le sirven el café deben considerarse “privilegiados” (aunque usted no lo crea) porque hay pibes y pibas que sin el Estado no tienen el acceso a las artes. Algunos no saben ni conocen lo que es el cine, el teatro y ni hablar una ópera (parece una pesadilla maravillosa, un poco bizarra y con gusto a angustia). Entonces, no vamos a decir que la vida de lxs artistas que viven en nuestra tierra está resuelta o estuvo resuelta, bajo ningún aspecto; o que las artes eran un privilegio de todxs… mmm… Más bien lo contrario.

Ahora nos encontramos acá, en este mundo distópico, con un presidente con ojos azules que clona a sus perros y que quiere eliminar las instituciones que financian las artes (realmente una trama maravillosa de película con final abierto, pero que todxs intuimos, termina mal) Retomando, frente a la posmodernidad, el individualismo, la intención del mercado de proclamar la mundialización de la cultura, borrar las diferencias, las propias improntas sociales y eliminar cualquier expresión que no responda al mercado. No resulta para nada llamativo el posicionamiento de Conan, digo Milei, contra la cultura y las artes. Ya que en el tiempo que lleva gobernando ha demostrado su deseo imperante por darle todo el poder al mercado. Este presidente sigue la impronta del sistema neoliberal, globalizado y posmoderno, no es novedoso, pero es necesario profundizar su posicionamiento en este contexto. Vienen a desgarrar las instituciones que financian la actividad artística de nuestro pueblo y esto tiene un fundamento, ya que las artes ayudan a construir la propia mirada del mundo, la de quien mira desde la Argentina. Desfinanciar las instituciones implica quitarle a las expresiones artísticas y a la cultura de nuestro pueblo el acceso a una mirada nacional de soberanía en términos artísticos y culturales. La pregunta podría ser ¿cuál es la búsqueda de la eliminación de la financiación mínima que reciben nuestros artistas y creadores culturales?

Renato Ortiz nos cuenta el plan de los oligopolios en el que para lograr la mundialización de la cultura acompañando el proceso de globalización existente es necesario ir borrando las especificidades culturales, es decir generar la homogenización cultural. La pregunta sería entonces ¿Cuál es la cultura que promueve esa civilización globalizada? La respuesta es simple, la cultura de mercado, la seriación de los consumos, borrando con ella las propias improntas culturales, sociales, históricas de cada civilización. ¿Para qué? Justamente para fomentar el consumo masivo de los mismos productos.

Auge nos describe una sociedad que frente al avance de la modernidad y la posmodernidad construye no lugares, como los aeropuertos, oficinas, plazas. Estos no lugares lo que hacen es, justamente, no referenciar a ningún lugar. Cada vez hay más no lugares. La mundialización de la cultura y el avance de la era posmoderna profundiza estos cambios. Vemos ciudades que van eliminando los rasgos propios de cada cultura, estas ciudades buscan el aislamiento, lugares de paso pero no de permanencia, no hay en ellas espacios para la socialización, no invitan al compartir. Los espacios históricos están reservados como en museos y no se construye una historia viva. Los espacios públicos expulsan sobre todo a lxs jóvenes. Las plazas están diseñadas para que lxs ciudadanos no se detengan demasiado tiempo. Lo vemos en los pinches de las calles que impiden que uno pueda transitar libremente, en los bancos individuales o con apoyabrazos que marcan donde empieza y comienza el espacio de cada “transeúnte” que decide detenerse. Las rejas se multiplican. Es decir, hay una estética de ciudades que se replican por todo el mundo y que expulsan a las personas hasta de sus propios territorios.

Podemos decir entonces que, la estética construye la realidad, construye nuestras ciudades, refuerza nuestro hogar. Y no hablamos ya de simbologías o mundos sensitivos hablamos de lo concreto. Si los lenguajes artísticos quedan solo en manos de quienes pueden tener acceso a ellos ¿Qué relato contarán? Si vamos borrando la simbología propia de cada comunidad, solo se conservan algunos rasgos y se alimenta la cultura de consumo, que automatiza nuestro comportamiento y a su vez nos quita la posibilidad de respuesta frente al avasallo económico, deseamos consumir y nada más. Así nos roban la identidad y la capacidad de respuesta, ya que nada invita a la reflexión.

Las artes no están quietas frente a la realidad lindante, responden, hacen, construyen verdades, si el consumo de ellas depende de los grandes poderes ¿quién construye nuevos relatos, otros relatos? Si desfinanciamos la posibilidad de acceso, de construcción ¿quién se beneficia? Es evidente la intención de este gobierno frente a la entrega de nuestra soberanía, no solo vende en términos concretos los recursos naturales, sociales y humanos, sino que también nos quieren quitar la posibilidad de respuesta, de construir nuestros propios relatos. Las paredes hablan, se pintan, se graffitean y denuncian. Pensar que las artes no son necesarias o que a su vez no es un espacio de poder en disputa es un error.

Las artes enriquecen nuestra propia cultura, abren puertas sensibles en cada persona que se relaciona con ellas y nos permiten entender el mundo y nuestro cotidiano de maneras diferentes, no solo porque expresan lo bello, lo feo, sino que además son necesarias para la constitución de la propia humanidad. El avance y la desfinanciación contra las instituciones que fomentan el arte es el avance contra la propia construcción cultural de nuestro pueblo, por eso es necesario defender a nuestra patria, la soberanía en todos los sentidos.

*Lucía Natividad Díaz. Actriz, estudiante de la Lic. Artes UNSAM, militante política y feminista