Milei en penumbras mas preocupado por su papada que por el país

Por Alejandro Mosquera*

El gobierno nacional empuja un sabotaje a todo el país. Un grupo poderoso de corporaciones festeja soñando que la pobreza, el desempleo, la demolición de los salarios, la entrega de riquezas naturales a la inversión extranjera, el industricidio, la destrucción de miles de pymes, el daño con impunidad a los ecosistemas y una represión abierta a la protesta social garantizarán no solo sus ganancias obtenidas a lo largo de muchos años, sino que se acrecentarán al extremo. El club del sabotaje es la expresión de un capitalismo caníbal, en los términos que lo plantea Nancy Fraser.

La propaganda falaz y millonaria de una aparato estatal rentado trabaja abiertamente para manipular a la opinión pública. La combinación de servicios de inteligencia, trolls y periodistas rentados son el sostén de las amenazas que reparten los funcionarios, encabezados por el propio Milei que con su actitud violenta hacia propios y aliados trata de convertir la mentira y el chantaje en su principal arma. 

No se puede defender los intereses de los trabajadores y jubilados, de los pueblos de las provincias, de la industria y los productores, de las universidades y toda la escuela pública con miedo. 

El MIEDO es el aliado del club del sabotaje. 

Esta situación no solo afecta al radicalismo como lo ha mencionado el presidente de la UCR  Martin Lousteau, sino también al peronismo, a los gobernadores. Por supuesto, siempre con excepciones destacadas pero que solo remarcan el momento que vive el país. 

Un nuevo ciclo se abre

Las acciones del gobierno y en particular del presidente, sus políticas, la reestructuración del estado, de la legislación, de las elites son parte sustancial de un proceso donde termina un ciclo político marcado por el predominio de dos polos políticos. El nuevo ciclo exige repensar el país, métodos y programas. Algunos entienden esta demanda al estilo del ciclo anterior y la novedad que proponen es adaptar los programas e ideas del movimiento popular al neoliberalismo, que no es otra cosa que más de lo mismo. Cuestiones que hemos ido analizando en esta columna en varios números de la revista. 

La cuestión a visualizar es que los actores del nuevo ciclo todavía no están constituidos. Sobre la alianza política, económica y social de gobierno ya hemos comentado nuestro parecer. 

En el movimiento nacional y popular también se vive este momento de conformación de los actores del nuevo ciclo. Es una discusión que va más allá de los movimientos de los dirigentes políticos, sino que abarca todo el sistema de representación y organización de los sectores de nuestra sociedad. ¿Cuál será el papel de los trabajadores organizados y de los movimientos sociales en tiempos de ajuste y desempleos? ¿Seguirá burocratizado el movimiento estudiantil, en particular el universitario, cuando el gobierno intenta derrumbar sus facultades? ¿Cuál será el papel de los intelectuales, algunos seguirán pensándose como socialdemócratas europeos transferidos a nuestra región?

La política y sus dirigentes, sus partidos y corrientes también están atravesados por las mismas preguntas, dichas o no, los interpelan. 

Algunos ven la salida como una repetición del pasado donde la “unidad hasta que duela” exprese una vez más el sometimiento a las variantes conservadoras y de centro-derecha que llevaron a esta derrota. Otros verán un camino de sobrevivencia hasta que cambie la etapa, como si la situación pudiera cambiar al margen de la acción política. Cansa ver cómo dirigentes analizan cual observadores y esgrimen para ocultar sus posiciones timoratas “hay que ver hasta cúando la gente aguanta”. Como si sus actitudes de lucha o de conciliación nada tuvieran que ver con lo que realice nuestro pueblo. 

Mas allá, el debate en el movimiento nacional y popular se extiende. De la venganza clasista que empuja el gobierno con los enormes daños y dolores que produce, y la resistencia y protagonismo popular, emergen los mejores debates sobre la etapa que viene. 

¿y la izquierda popular?

Este debate en el movimiento también afecta a la que podemos llamar en forma amplia la izquierda popular que encuadra a diversas identidades e historias. ¿Continuará el seguidismo o se transformará en una fuerza de unidad y diversidad que pese en el nuevo ciclo? ¿Se aferrarán algunos a una práctica muy reiterada de dirigentes públicos sin militancia, o construirá una fuerza con vocación de poder real? 

La cultura de izquierda en el país es amplísima y es un error reducirla a tales o cuales partidos. Y no comparto las ideas de quienes en afán de mostrar la diferencia particular del movimiento nacional y popular argentino sostienen que no hay derecha e izquierda y que son conceptos del pasado. 

Hay que retomar las ideas y lecturas de Hernández Arregui, Rodolfo Puiggrós, Scalabrini Ortiz y tantos otros compañeros. Junto con el pensamiento revolucionario latinoamericano, con la práctica histórica de nuestras sociedades, con las realidades actuales de nuestro pueblo, tanto en sus deseos, sentimientos y necesidades conjugando comunidad real con los sueños de cada uno. 

¿Podrá la izquierda nacional y popular crear un nuevo actor en este cambio de ciclo? 

No lo sé, pero vale la pena intentarlo. 

*Alejandro Mosquera. Director de Iguales. Director del IEFI – Instituto de estudios y formación para la Igualdad. Ex diputado de la Pcia de Bs.As. y Presidente de la Camara de diputados. Dirigente de Soberanxs