Por Alejandro Mosquera*

El gobierno nacional intentó con un grado de éxito que la gestión de gobierno estuviera medida en una parte importante de la población ligada al achicamiento del gasto público y a detener la inflación a toda costa.  Se partía además de una sociedad que reclamaba porque la “política” no daba solución a los problemas de la organización de la vida en comunidad. 

Como a partir del golpe militar del 76, y en los 90 se desarrolló una enorme campaña contra el Estado, a la vez que se lo desfinanciaba evitando cualquier transformación positiva, se lo acusaba de que por esencia la administración estatal es mala y que genera condiciones de corrupción. 

El proceso de privatización de la etapa menemista no dio como resultado el futuro que anunciaban los propagandistas neoliberales ni las empresas que querían hacer negocios con las mismas. Seguir cada una de las mismas privatizaciones o concesiones dieron como resultado malos servicios, en muchos casos ganancias de empresarios y desfinanciación de las empresas, crecimiento del riesgo para los usuarios, subsidios estatales millonarios a las empresas y falta de control por parte del estado donde en muchos momentos los entes reguladores fueron copados por personajes al servicio de las empresas privadas/concesionarias o directamente corrompidos por las mismas. 

Este circuito de problemas estructurales no resueltos en el estado, ajuste y destrucción de las herramientas del mismo, propaganda contra todo lo público, ensalzamiento de todo lo privado de forma acrítica y estúpida, en los distintos ciclos neoliberales que hemos vivido han tenido grado de éxito, hasta que la falacia del modelo estalló. Pérdida de soberanía energética, minera, de nuestros cielos, perdida de seguridad de los usuarios con accidentes en serie y tragedias que vuelven a repetirse. Destrucción de pueblos cuando se levantaron vías del ferrocarril. Malos servicios, empresas privatizadas debilitadas y en algunos casos en ruinas, empresarios enriquecidos. 

La secuencia, el circulo vicioso, ya probado y fracasado, vuelve a intentarse con la presidencia de Milei y la “oposición” cómplice.  Ahora frente al choque de trenes del San Martin en Palermo el gobierno sale a sostener que es  “la prueba palmaria de que el sector debe ser privatizado”. 

Mientras dirigentes sindicales, expertos y ex funcionarios tratan de explicar porque pasan estos accidentes. Y porque la desinversión, las obras abandonadas, los cables de señalamiento no repuestos, la falta de mantenimiento de las locomotoras son la base fáctica de las razones del choque y la falta de seguridad de quienes viajan.

Está claro entonces por las experiencias vividas y en las razones de fondo del presente que el ajuste mata. Que la legitimidad de gestión de un gobierno está ligada a mejorar las vida de cada uno y de la comunidad y no solo a beneficiar a un grupito de mega empresarios o a un dogma anarcocapitalista que esconde también las políticas reales destructivas que se llevan adelante y la tremenda ineficacia del elenco gubernativo. 

A la vez hay que seguir sumando en esta visión que el ajuste mata, que la destrucción del estado redunda en peor vida de los argentinos. Que el salario no alcance, que las jubilaciones han sufrido lo peor de la reducción del gasto, que el hambre que empieza a desarrollarse con familias que disminuyen la cantidad de comidas diarias por debajo de las necesidades básicas, que se desfinancia a la salud pública, todo parte de los dolores actuales de nuestra población y anuncia las semillas de un futuro próximo de mantenerse aún peores. 

Crece la resistencia y la conciencia. Crecerá la organización popular

El Paro nacional demostró varias cuestiones. La principal es que la masividad expresa un crecimiento de la conciencia de lo destructivo de las políticas de MIlei. El gobierno intentó trata de convencer a los propios que la masividad era por el peso de los aparatos sindicales y de las amenazas recibidas. Pero es muy difícil esconder el solo con la mano, y la masividad incidió tanto en las filas del campo nacional y popular como en los cómplices del gobierno.

La segunda conclusión es que la masividad del paro estuvo vinculada también a la masividad de la movilización del 23 por la educación pública que impacto notablemente en la opinión pública y dejó sin argumentos a los que querían entregar el Paro en la mesa de las migajas o de la complicidad con el gobierno.

También hay que agregar para el debate con el progresismo light que siempre mide cuánta gente “suelta” va a las movilizaciones para medir la importancia de las mismas, que la organización popular, las asambleas de base, la coordinación de la acción, que la existencia de los sindicatos y los movimientos sociales son claves para generar los canales de protagonismo masivo. Que cuanto mayor organización mejor es para la lucha popular.

El protagonismo popular y nuestro movimiento

El protagonismo popular también incide en nuestro movimiento nacional y popular. Porque obliga a mayor protagonismo, obliga a que muchos salgan del lugar de observadores de la realidad o abandonen la promoción de la espera para ver cómo reacciona la sociedad sin asumir la responsabilidad de generar los canales para que ella se exprese. 

Un dato de este proceso que mirado a distancia de las internas muestra que se van creando los actores del ciclo actual. Madura la coordinación de luchas contra las políticas del gobierno, el papel de la CGT y las CTA es clave por su capacidad de nuclear alrededor de sus acciones a una inmensa pluralidad. Sin embargo el movimiento no cuenta con una conducción política unificada y un método que superé lo ya vivido. Porque se necesita mayor protagonismo popular, más capacidad de decisión y acción de la militancia. 

El debate de cómo crear una nueva conducción se extiende a todo el país. Todavía muchos siguen pensando que eso solo se dirime encontrando un candidato. Además del límite de proyecto que representa esta visión, la experiencia cercana no parece darles la razón, los ejemplos extremos podrían ser Scioli con su participación en el gobierno neocolonial o la del Gobernador tucumano Osvaldo Jaldo que sostuvo “¿O dónde están los que hacen paro? Hacen paro para seguir durmiendo. A la Argentina no la vamos a sacar descansando, durmiendo». Con argumentos sacados del baúl viejo y ajado del gorilismo, extraño en un gobernador que se dice peronista, atacó el paro nacional y defendió su alianza con Milei. 

Otros siguen convencidos que como antes  con Macri y ahora Milei, lo necesario es asumir el discurso de la derecha para conectar con una parte de la sociedad que los votó. Quien es más funcional a la derecha es quien se es o se hace de derecha. Este camino ha llevado a las derrotas que hemos tenido, no solo  en el terreno electoral sino en la batalla cultural. 

Tampoco parece ser un buen camino la confrontación abierta entre compañeros que comparten un rumbo. Más allá que la política siempre es conflicto, y no hay que demonizar esta practicas naturales que en los partidos liberales es vista como diversidad democrática y en el movimiento popular como destructivas, hay que encontrar caminos para fortalecer las posiciones transformadoras en el movimiento porque si no crecerán aquellas visiones conservadoras o timoratas que nos llevaron al fracaso del gobierno anterior. 

Sin embargo esta visión de unir en un rumbo común para desde posiciones transformadoras reconstruir el Frente Nacional y popular, no puede implicar no discutir políticas, rumbos, acciones. La censura o la autocensura del debate siempre produce anquilosamiento del pensamiento crítico, inhibe  la posibilidad de liberar la energía revolucionaria de la democracia.