por Alejandro Mosquera*

La derrota parlamentaria del gobierno de Javier Milei fue durísima, tanto por el significado político de que se haya rechazado el DNU en el Senado junto con no haber logrado aprobar la ley ómnibus, como por la forma que desplegó sus acciones de lobby, de presiones, amenazas, de billetera estatal y campañas de desprestigio. Nada le salió.

Va quedando en claro que el proyecto de país que propone Milei es inviable en democracia. Que en términos de una República y del ejercicio aunque limitado que tenemos de la democracia, este gobierno es débil.

Las formas de confrontación que usa el presidente no son un arma de las negociaciones como tantos funcionarios y dirigentes del PRO y la UCR quieren presentar. La confrontación, la venganza clasista, el verbo encendido anticomunista y antiperonista es la esencia de su forma de gobierno.

Cuando sostiene la excusa del llamado principio de revelación, es decir, dejar en claro quién está con él, con el elegido por las fuerzas del cielo y quiénes están en contra para tratar de explicar que sus derrotas en tres meses de gobierno son solo una etapa para demostrar qué intereses defienden los otros representantes, gobernadores, legisladores, intendentes, dirigentes. A la vez, solo reconoce su propia legitimidad legal y niega la de los demás, sueña con un país sin Congreso, sin provincias que le reclamen y mucho menos que sean autónomas de su poder, decisiones y caprichos.

Aunque muchos dirigentes se escondan tras el apoyo que mantiene según las encuestas, la realidad marca que gran parte de la población se ensimisma en sus preocupaciones cotidianas ante la ofensiva sobre sus ingresos y nivel de vida que implican las medidas gubernamentales. Y que sus respuestas para bobos, sus ejércitos de trolls, van perdiendo fuerza en esa parte de nuestro pueblo que tuvo la esperanza que el presidente representara un cambio ante la defraudación que sentía del gobierno anterior y del presidido por Macri.

Por ello el rechazo al DNU en Senado fue otro llamado de atención para todo el arco no solo político sino económico, sobre la gobernabilidad. Una muestra de la inhabilidad gubernamental donde llegó a atacar abiertamente a su vicepresidenta, lesionándose aún más a la mirada del poder.

El escenario tras el rechazo

Está claro para todos que se están construyendo los actores políticos y sociales del ciclo que viene. Las posiciones de cada sector o dirigente, los reagrupamientos y las divisiones lo que están mostrando es cómo se va configurando el mapa político.

El gobierno atacó a su Vice Victoria Villaroel y sin embargo la fortaleció. El video de la vice después de la sesión fue en el sentido de fortalecer su figura y su poder. Hay que mirar estos movimientos en relación con los intentos de Macri de construir un eje con ella ante la actitud del presidente de no dejar que MM dirigiera la alianza y copara el gobierno.

El próximo paso del expresidente es convertirse en presidente del PRO y desde allí mostrarse como el garante de la gobernabilidad (¿con Milei o con Villaroel?) y representante de los intereses del poder económico para que la situación no desbarranque en beneficio del peronismo y sus aliados. Mirado así, se podría pensar que la derrota en el Senado de Milei, con un PRO y una parte de la UCR que apoyaron el DNU, fortaleció a Macri. Lo convierte en necesario.

Por su parte el gobierno da pasos en su intento de deglutirse al PRO ¿podrá? En principio, tendríamos que decir que logró disciplinarlo en sus discursos que cada vez tienen más sintonía con el anarcocapitalismo y la extrema derecha. A la vez, en cada paso fallido el ministro del interior Guillermo Francos se debilita. La idea de posar de dialoguista, de generador de acuerdos con los bloques parlamentarios y los gobernadores, y luego que sea el presidente que los hace estallar, muestra su desgaste. Habrá que desentrañar el significado del insulto de Espert a Scioli en radio Mitre tratándolo de “imbécil”, si es solo un ataque al ex gobernador o también al ministro del Interior que fue quien lo llevó al gobierno.

La UCR se debate en una gran crisis entre un sector que quiere sumarse al accionar en conjunto con la libertad avanza y desde allí lograr beneficios para su sector, otro que sueña con que la asunción de Macri como presidente del PRO significará un relanzamiento de Juntos por el Cambio y volver a ser la derecha racional neoliberal. Otros, como Lousteau, están tratando de recuperar oxígeno para presentarse como una opción de centro distante del seguidismo a Macri y Milei, y edificador de una alianza con los desplazados del PRO, en especial con Rodríguez Larreta. El quedarse casi solo en el senado rechazando el DNU, no es su debilidad sino su acierto para lograr espacio y reconocimiento como actor político del ciclo que comenzó. Los ataques desaforados de Milei lo ayudan, como también los medios de comunicación (salvo La Nación+ y sus satélites) que necesitan mostrar un opositor republicano para que no quede la oposición solo en el peronismo y el kirchnerismo. Hay que agregar aquí que cada vez se levantan más voces radicales llamando a recuperar el legado alfonsinista y las posiciones socialdemócratas, veremos si son escuchadas y si toman la decisión de concretar un camino diferente.

El bloque de UxP se anotó un triunfo en el senado que capitalizan todos los sectores opositores de peronismo y la izquierda. Sin embargo, todavía no aparecen liderazgos nuevos que impacten en la sociedad. El movimiento nacional y popular vive las coordenadas generales: se están construyendo los actores del ciclo nuevo.

Dos procesos parecen vivirse -por lo menos hasta aquí- uno ligado al desgaste en la sociedad y en la base social del Frente, de las dirigencias y opciones políticas que protagonizaron los últimos 4 años. Y, por otro, que la sociedad ve a ese conglomerado diverso que fue el Frente en sus diferentes nombres ocasionales, como la oposición al gobierno. Esto lleva a una parte de la dirigencia a decir que “si no nos equivocamos” y nos mantenemos en esta posición el péndulo volverá hacia el peronismo. Por supuesto que esta visión adolece de ver que también en el movimiento nacional y popular hay una crisis de rumbo. Entre los que piensan que hay que ganarle al proyecto anarcocapitalista manteniendo el giro conservador y de derecha, tomando una parte del programa neoliberal y conformando una alianza con el poder real. Y quienes quieren recuperar el sentido principal del movimiento: liberador, transformador, de integración nacional, de desarrollo de las fuerzas productivas con una política soberanista y de justicia social.

Sin lucha social, sin batalla cultural, sin organización de nuestro pueblo, sin que la militancia se convierta en protagonista, primará el status quo en el movimiento, es decir, la repetición donde la discusión solo será entre candidatos más o menos conservadores con alguna figura decorativa para contener la expresión de la bronca.

Si por el contrario el conflicto social se desarrolla, si la resistencia crece, si se abren las compuertas de la discusión y el debate, el resultado podrá ser otro. También aquí están comenzando los reagrupamientos políticos que pueden dar nacimiento a un nuevo espacio diverso que interprete un programa de soberanía, trabajo y justicia social. Implicará un debate militante, una articulación de lo diverso, una extensión territorial y social, una propuesta federal.

Lo nuevo y lo moderno

Hay un debate que nos propuso la extrema derecha sobre la base de presentarse como lo nuevo y moderno frente a la vieja política. Incluso algunos dirigentes creen que el triunfo de Milei está arraigado en la utilización de las redes, construyendo así una escapatoria a las responsabilidades del gobierno del Frente de Todos y, lo más costoso, no poder distinguir la riqueza de un proceso complejo de nuestra sociedad.

Está en claro que Milei representa las viejas ideas fracasadas que las oligarquías y el poder real impusieron en diversos ciclos al país. Nuestro presidente se parece más a Enrique el antiguo (personaje de Francella en blanco y negro) que a una derecha moderna. La novedad está en que el viejo programa de la dictadura logre expresarse en un gobierno de origen democrático.

El debate de lo nuevo y lo moderno también es utilizado por algunos para justificar los virajes hacia la derecha y la ultra derecha. La visión de que Milei expresa una ruptura con el orden viejo, es decir de una revolución de venganza clasista contra los argentinos por sus “pecados” históricos, es un viejo sueño reaccionario. En el fondo es una contrarrevolución para impugnar la democracia, apañada en una idea refundacional del país.

El 24 de marzo es un buen momento para que la movilización unificada permita no solo mostrar la capacidad de acción y rechazo a esta contrarrevolución sino para dar una batalla cultural por una nueva democracia que anida en la mejor historia de los años felices como en el sacrifico heroico de tantos argentinos por la patria.

*Alejandro Mosquera. Director de Iguales. Director del IEFI – Instituto de estudios y formación para la Igualdad. Ex diputado de la Pcia de Bs.As. y Presidente de la Cámara de diputados. Dirigente de Soberanxs