Por Elisa Araujo*

En 1992 en la reunión convocada por las Naciones Unidas en Río de Janeiro, se presentó el Tratado sobre el Cambio Climático que entró en vigencia en marzo de 1994. Científicos de todo el mundo ya habían alertado sobre las consecuencias de no tomar medidas drásticas para evitar un descalabro planetario que afectaría todo tipo de sistemas que son los que permiten que haya vida en este Planeta Tierra.

Sin embargo, esta iniciativa no pudo poner límites ni implementar mecanismos para frenar las emisiones de gases de efecto invernadero. A partir de allí se hicieron muchas reuniones llamadas COP (Conferencia de las Partes) en distintos países, incluso en Argentina la COP4. La reunión COP de Kyoto propuso lo que se llamó el Protocolo de Kyoto que fracasó ya que algunos países importantes se negaron a firmarlo Y los compromisos de los países firmantes en cada uno de los encuentros COP fallaron tristemente en cumplir las metas que se acordaron.

El capitalismo basado en el consumo y la obsolescencia programada hacen estragos en todos los territorios «subdesarrollados» con cada vez más extracciòn de materias de la tierra que llaman Recursos Naturales pero que se trata de Bienes Comunes.

A raíz de estas actividades destructivas se ha llamado Extractivismo a la minería a cielo abierto, volando montañas para extraer mediante químicos el oro, plata u otros minerales que se encuentran allì. También es extractivismo cuando hablamos de actividades que dañan los ecosistemas, como la agricultura de monocultivos basados en agrotóxicos y  los cultivos de plantas transgénicas que envenenan suelo y agua y matan todo menos la planta con genes que la hacen resistente, por ejemplo la soja y el glifosato.

Pero el glifosato no es el único ni el último de los tóxicos que aparecen en nuestro plato de comida diaria. Tenemos el discutible “honor” de haber producido el primer trigo transgénico del mundo. El HB4, supuesto resistente a la sequía, que puede usar glufosinato de amonio, un químico bastante más tóxico que el famoso ingrediente del paquete del Roundup Ready para la soja de Monsanto.

A partir de entender al campo como una fábrica, y a la cría de animales de la misma manera, la mirada de las mega empresas como Monsanto, Bayer, Syngenta, etc. se dedican a ajustar todo a la siguiente ecuación: más rápido mejor, menos laboreo mejor, màs ganancia mejor, menos distribución de la riqueza mejor, menos impuestos mejor, menos controles mejor, menos mano de obra mejor…

¿Cuál es entonces el resultado de esta mirada extractivista?

Hay varios resultados, y no son buenos.

El hacinamiento de animales en lugares reducidos hace que los animales estén fuera de lo que es su habitat natural, vivan estresados y se enfermen. Por eso se les proporcina antibióticos en el agua y en la comida.

Una cosa lleva a la otra y entonces, ese uso inapropiado de antibióticos ha llevado a un problema muy grande que es la Resistencia microbiana a los antibióticos, haciendo que muchas enfermedades ahora no se puedan curar por esa resistencia que han desarrollado las bacterias.

Otro problema de criar animales en estas condiciones es la gigantesca cantidad de desechos y de excrementos, que necesitan ser tratados y tener una disposición que evite que esas bacterias que crearon resistencia salgan al exterior. Por supuesto esto depende de estrictas medidas de higiene y control…. pero ¿estamos seguros que eso ocurre? Quienes si no es el Estado pueden comprometerse a las inspecciones necesarias?

Esta manera de criar animales no se restringe a los que viven sobre el suelo, se hace también con los peces. Se los encierra en jaulas bajo el agua y se les suministra también alimento y antibióticos. Viven hacinados impedidos de nadar lo que les produce mucho estrés. Los famosos salmones, plato preferido de los gourmets, no son para nada recomendables si es que buscamos alimentos saludables. Sabemos que los métodos y controles de una misma empresa difieren mucho en Noruega de lo que hacen en Chile y eso se debe a los laxos controles en estos países, los “Subdesarrollados”.

Bajo el lema de “alimentar al mundo” y la idea de que el planeta ya está superpoblado, el agronegocio lleva a expoliar suelos fértiles como el argentino, obligando entonces a usar otros productos, fertilizantes, etc. para poder llevar a cabo ese negocio del agro que significa la entrada de dólares para pagar al FMI las deudas de préstamos que se evaporan en una bicicleta financiera de nunca acabar.

Ya estamos en el famoso Cambio Climático, ese  del que nos vienen advirtiendo los científicos especializados y que estudian con gran preocupación.

Sin embargo todavía hay quienes lo niegan.

Seguimos con los combustíbles fósiles y arrojando basura de todo tipo, no sólo venenos en las hortalizas y frutas si no también plásticos que no se biodegradan y el resultado es que están todas estas cosas nocivas dentro de nuestros cuerpos.

Vivimos una nueva era geológica: el ANTROPOCENO.

Como el Narciso de la leyenda griega, los humanos nos hemos pensado tan bellos e inteligentes que creemos poder superar la creación de la Naturaleza, no nos percatamos que somos parte de ella, y en nuestra insolente arrogancia destruimos aquello mismo que nos da vida.

Esa Naturaleza que se ha tomado milenios creando un sistema tras otro que trabajan para un planeta estable en el que la vida prosperó… hasta que aparece homo sapiens sapiens,

Algunos niegan la realidad y otros piensan que se puede seguir en esta tesitura y que es a través de la ciencia donde encontraremos las soluciones.

Pero la ciencia cae también presa de buscar soluciones para que nada cambie. Solo encuentra salidas que no son tales pues no buscan más que ideas paliativas que no desarman la estructura que nos lleva por el camino sin retorno del calentamiento global. Propuestas de la geoingeniería que no solo no solucionarían nada sino que podrían ser causales de situaciones peores que las que se vaticinan. Es evidente para el que lo quiera ver que atacar los efectos del cambio climático no es atacar las causas. Y las causas están en la manera que se han desarrollado las sociedades modernas, produciendo,consumiendo y desechando sin fin en un planeta que no es infinito y que tampoco puede continuar brindándonos los beneficios de la Naturaleza. Muchos de los residuos que arrojamos a la basura no son biodegradables, no hay manera de que la la Naturalaleza pueda deshacerse de ellos, son creaciones del hombre y están para quedarse.

El AGUA

La que hay es la misma que está desde que se formó el planeta. Aunque pareciera abundar, la mayor parte es salada y los métodos para des-salinisar acarrean el problema de su gran costo y de qué hacer con la sal.

¿Podemos crear agua?… H2O… parece fácil… los científicos no lo han hecho y los países no paran de desperdiciarla contaminándola de manera irrecuperable. Millones de metros cúbicos se destruyen con el uso en la minería, incluso en el Fracking para sacar petróleo de la piedra y seguir emitiendo CO2 y seguir camino hacia el Cambio Climático.

Argentina sostiene una posición extractivista durante gobiernos de distinto signo político. Aunque muchas veces el país no cumple con las excelentes leyes de protección ambiental que ya tenemos, ni con algunos compromisos internacionales que el país firmó, caso el Tratado de Escazú, se nota a partir de la asunción del actual presidente Milei, que se ha acentuado y acelerado un camino nefasto no sólo para el futuro de Argentina, sino que es contrario a cualquier medida de las que son imprescindibles dado la aceleración que el Cambio Climático ha tomado. Es que el Jefe de Estado no cree en el Cambio Climático. Podríamos decirle que no se trata de una cuestión de fé. Son hechos de la realidad. Necesitamos cambiar el rumbo y aceptar que TODO depende de la Naturaleza y su complejidad. El Rigi, esta novedad libertaria no es más que destrucción garantizada.

Sin embargo hay movimientos en todo el mundo que luchan contra este suicidio total que arrasa con toda la vida. Movimientos que buscan otras miradas, que respetan la vida y reconocen la importancia de todas las especies. Simplemente porque todas las especies tienen un rol que desempeñar dentro de los sistemas del planeta. Esos sistemas que nos proveen clima estable, agua pura, aire puro, alimento y la posibilidad de un Buen Vivir.

En general los pueblos originarios supieron convivir respetando eso que nosotros arrasamos. Reconocieron la importancia de la diversidad y supieron mantener cierto equilibrio en sus intercambios y usos. Los ecosistemas funcionan de manera tal que nada se desperdicia, nada es “basura”, se autoregulan.  entre todas las especies.

¿Es una utopía querer ser y vivir como un ecosistema? Cooperar y compartir, en fin, aquello que llaman Buen Vivir.

*Elisa Araujo. Militante ambientalista. Cofundadora del Centro Cultural Maca (Música, Arte, Cultura y con acento en Ambiente). Cursó en la Cátedra Libre de Soberanía Alimentaria de la UNLP y Educación Ambiental de la Fac. de Ciencias Naturales de la UNLP. E s parte de Vecinxs por la Memoria, Verdad y Justicia de Villa Elisa.