
Por Lucía Díaz*
Es evidente que el presidente Milei o el enviado de las fuerzas del cielo tiene una preocupación entusiasta por su apariencia y por los vínculos que supo construir en el mundo líquido. De esto, claramente, no podemos quitarle el mérito, ha hecho una campaña por las redes sin un cartel en la calle y hasta ahora le ha servido. No resulta novedoso frente a una era en la cual la iconografía es la que prima. Vivimos en dos mundos consecutivamente, el real y concreto y el otro, el de las redes sociales, el de la ciber cultura. Circulamos por ambos en constante contradicción. Existimos en una bi- realidad.
Evidentemente el querido ojitos de cielo, se ve más interesado en ese mundo ciber. Ahí es donde encuentra su potencial porque en la vida de carne y hueso no tiene mucho con qué edificar bases sólidas. Necesita de las redes y ve un potencial en ellas para fortalecerse y modificar la visión de la realidad concreta, porque ésta es pesada de vivir. Sentimos angustia, nos duele el cuerpo, experimentamos el vacío del hambre y nos vemos imposibilitadxs de transitarla, cada vez tenemos menos herramientas para palearla y buscamos la pastillita de adormecimiento para escaparnos.
No es nuevo el debate, las redes profundizan la deformación de lo que percibimos de nuestro entorno real y éste, a su vez, nos parece menos placentero que lo que vivimos en redes. Nos deleita la inmediatez, el consumo de miles de noticias constantes, la posverdad y las imágenes “mejoradas”.
Algunxs todavía no sabemos muy bien cómo transitar este tiempo, vivimos en ambos mundos. Entonces, la vida parece un juego entre el sueño y la pesadilla. La virtualidad nos permite la desconexión mentirosa para no sentir, aunque, en lo profundo, sabemos que tanta angustia también viene de esa desconexión.
Heiddegger plantea que la humanidad niega la muerte, entonces colocamos calmantes tales como la rutina para no enfrentar la angustia propia de saber que vamos a morir. La bi- realidad esa que se conforma con la virtualidad y la vida, nos permite anular la angustia. Nos da una ilusión de eternidad y paz, simplemente por el hecho de ayudarnos a no pensar en ella. No es nuevo el mecanismo. Estamos en un tironeo constante entre el adormecimiento y lo crudo.
Las artes nos hablan de esto, por ejemplo en Matrix, Morfeo le ofrece dos pastillas a Neo (la azul y la roja) con una olvidaba que estaba viviendo en la matrix y con la otra se enfrentaba a la verdad; Neo decide de manera honorifica verla y, si se puede, luchar contra ella. El cine también nos anticipa lo que puede ser el futuro, como en Wall-e, que se ve a la tierra destruida por la humanidad y naves con personas que tienen poco sentido en la vida, seres completamente abúlicos que van por el universo navegando, intentando recuperar aquello que ya destruyeron.
Volviendo al punto, nuestro presidente supo y sabe muy bien cómo jugar con estas dos realidades y es evidente que las utiliza a su favor, sino no podemos creer este transitar cotidiano que rompió tiempo y espacio.
Su campaña electoral fue a través de las redes sociales, sin un cartel en la calle. Le hablaban a un sentimiento: la bronca. La campaña era un vómito de videos cortos de no más de un minuto. La esperanza que ofrecían para ese sentir: la libertad que arremete contra la casta política, esa que nos genera bronca. No parece azaroso. Porque levantar la bandera de la libertad es bastante simple y hay una construcción histórica detrás de ésta. De un lado y del otro de los relatos es una palabra viva, nos trae recuerdos. Los yankis han sido grandes ilusionistas de esta bandera, ya que hablan de la libertad en todos sus relatos (paradójico o perverso) y nosotros en este mundo globalizado hemos sido grandes consumidores de esta narrativa.
Además de la construcción histórica de la palabra libertad está la necesidad de evadir la sensación de opresión frente a la angustia del vivir, lo absoluto de la muerte, del mercado, del propio sistema, la injusticia, ese malestar que tenemos todxs y al que le buscamos respuesta, el que trasciende a la propia vivencia, y que es más profundo: es saber que caminás a la picadora de carne pero que no podés frenar. Entonces, basado en estos dos puntos, Milei construye un sueño posible: la libertad y la justicia. Lo hace rápidamente porque funciona como el Mc Donald’s, te ofrece comida chatarra que te hace mal para quitarte el hambre y te vuelve adicto al dolor de panza. El presidente no profundiza en lo ideológico. Utiliza dos herramientas, su figura personal y la de los funcionarios pertenecientes a este gobierno, con una estética en particular, videos cortos y a su vez imágenes de IA que hacen circular con un logo, el león. Van construyendo una ilusión, el sueño para no despertar a la pesadilla que él mismo construye.
La imagen de Milei está completamente distorsionada con respecto a la real, lo hacen parecer más joven, con ojos más azules, resaltan su “melena de león”, sus poses son similares a las que se utilizan masivamente en las redes, deformando un poco la cabeza, haciendo parecer sus ojos más grandes, tira un beso a la cámara y utiliza la misma campera de cuero, a lo motoquero. Quiere parecer un instagramer o un gamer. Vende un aspecto de “rebelde” y bonito, se cree que está en Vikingos y bue… bastante lejos de Lagertha y Ragnar.
Después tenemos las imágenes del león, realizadas con IA. En ellas se nota la ausencia de humanidad, son vacías, no tienen emoción solo relato. Son dibujos animados que intentan construir o representar el relato de un gobierno de nuestro país ¿se entiende? Nos obligan a analizar lo bizarro, lo distópico, el absurdo (y no en el sentido artístico) ¿Qué nos quieren decir con estas imágenes? Se presentan muchas preguntas, pareciera que nos quieren vender Disney, un parque de diversiones, un mundo ilusorio donde no existimos. La humanidad de los gobernantes está llevada al plano inmaterial de animales inexistentes con características humanas, pienso en el rey león, son imágenes con muchos colores vibrantes, bellezas exóticas inexistentes, con cierta “ternura” (realmente ya no sé cómo describir tanto cinismo) y poco de lo real de la vida que transitamos. Parece una tomada de pelo, pero lejos de eso, ahí fundan sus bases.
Refuerzan la ilusión. Esa es la representación que nos quieren vender, políticos supuestamente distintos a los que conocemos, que vienen como Batman o el Capitán América a “salvarnos” de los orcos sucios y malos que quieren mostrarte lo horrible del mundo. Ellxs son superhéroes que te traen fantasía, colores, dibujos animados, leones que sonríen frente a comunistas que quieren volver el mundo gris. Van construyendo relato. Consolidan con su propaganda las ganas de aislarse de la sociedad, buscan ser, a través de su propaganda, el placebo. Fortalecen con la imagen la disconformidad, porque nadie quiere dejar de soñar para ver la pesadilla viviente. Potencian la bi- realidad, la venta de un analgésico para que no te duela tanto, para que solo te veas vos y no te des cuenta de que vienen por vos.
La existencia golpea fuerte en la cara y la sociedad busca indiscriminadamente aislarse, estar en paz, como si eso solo construyera algo. Estar en paz, así, vacío, no es nada. Porque estar en paz negando el hambre, negando la muerte injusta, negando, negando, negando, no lleva a nada, más que a la profundización de lo mismo. ¿No les resulta llamativo cómo una persona puede sentir empatía por los niños que mueren en África y no miran a los niños que mueren acá? Esa doble moral, ese mundo paralelo en el que la humanidad se quiere aferrar para no morir o pensar que no morirá, es el que nos lleva a este mundo distópico.
Ellos arman con su propia imagen un ideal mentiroso, quieren hacernos creer que el espejo de casa está mal y que la única verdad es su mundo de fantasía. Avanzan con una estética especifica, aumentan el malestar y venden una supuesta cajita feliz. Las imágenes construyen mundos. La Libertad Avanza es el fast food de la política.
Si andamos en automático, si no quitamos el pie del acelerador y empezamos a vivir el mundo real, ese que ahora mismo mientras escribo me dice que tengo hambre, es difícil elegir conscientemente, porque para transformarlo debemos saber a qué nos enfrentamos y porque una vez que se cae el mundo de fantasía podemos realmente transformar nuestro entorno, el mundo material.
Poner los pies en la tierra nos permite la acción revolucionaria, esa de sostener la mirada con el otro por más de diez segundos, insistir en escuchar y darnos tiempo, buscar el abrazo sostenido, encontrarnos en la meditación de aquello que nos golpea, despertar los sentidos y mirar profundamente nuestro entorno, conmovernos y encontrar el profundo deseo de modificar lo que está mal. Saber que vamos a morir nos permite romper con la ensoñación. Ver la realidad puede ser difícil pero la verdadera libertad está en quitarse la venda y transformar lo que nos duele.
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Muy bueno para mí que tampoco consumo redes y las considero una gran pérdida de tiempo. La gran pregunta es cuándo dejará de funcionar esta droga que también describís.
Me pareció muy interesante. A veces… algo inasible para mí que no consumo las redes libertarias ni de la derecha en general. Pero creo que su mensaje entra donde hay mucha insensibilidad e ignorancia ( sobre todo ignorancia política).