
Por Lucía Natividad Díaz*
Escribo esta columna intentando transmitirles nuestro sentir o, en realidad, el mío. Es necesaria la palabra en un día tan importante como el 8M. Voy escribiendo mientras hago memoria y recuerdo cómo mi sobrina de 4 años, que estaba en la ventana de casa, antes de salir, me preguntaba ¿por qué íbamos a marchar con su mamá? y yo, torpemente, tratando de decirle que es por nosotras pero que también es por ella, que no tenemos todos los derechos que la vida es injusta. Me lleno de orgullo mientras chequeo el pañuelo, el limón, el agua en la mochila, tengo la imagen de ella (mi sobrina) en mi cabeza, luego agarro la mano de mi hermana, que es también mi amiga y allá vamos a Congreso.
Como un retumbar profundo, se escucha el tambor, los redoblantes, la piel se eriza y nos encontramos nuevamente en la mirada de la otra. ¿Cuántas veces nos miramos cómplices entendiendo el peso que se siente en nuestras espaldas?
Es irrepetible la sensación de nosotras copando las calles, una mezcla de llanto y felicidad. Hay algunas con bastón caminando lento, con miradas profundas, otras más jóvenes con carteles y en tetas, algunas estamos preocupadas por el ataque sistemático que suelen hacer las fuerzas policiales con nosotras y nos preguntamos ¿cómo nos defenderemos? Hay una nena levantando el puño y gritando y una multitud que la mira satisfecha. Canciones con voces sopranas y contra-altas a través de megáfonos se multiplican, canciones reconstruidas, brillos y glitter, arte en todas las paredes recordándole a la sociedad que acá estamos, que seguimos, que no claudicamos.
Previamente al 8M nos bombardearon de ataques, estamos acostumbradas, lamentablemente, pero acostumbradas. Durante las elecciones era nuestra culpa el avance de la derecha, nos decían que no era necesario hacer discursos tan polarizados. Nosotras aparecemos en bolsas respondemos, pero no se escucha, nos golpean, nos insultan, nos cuestionan, nos observan, cada una de nosotras tiene un rol que debe cumplir y no puede salirse del carril.

No tengo dudas, nosotras apilamos listas interminables de quehaceres mentales, lo sé porque hablo con mis compañeras, mis amigas, mi madre, mis familiares. Nos reímos y también pensamos que nuestros cuerpos no alcanzan, que estamos viejas, gordas, flacas, tristes, que carcajeamos demasiado, que somos demasiado desconfiadas, que debemos mejorar en el trabajo, en el estudio, en casa, que nos pagan poco. Como remolinos se sienten todos esos pensamientos juntos.
Algunas no pudieron estar, claro, tienen responsabilidades. Algunas no quieren ver y dejar fluir el dolor que nos construye, no es fácil darte cuenta de que te violentaron muchas veces. Nosotras tenemos otras formas dicen ¿cuáles son nuestras formas? ¿Quién dice como se es mujer? Prendemos la tele, la radio, las redes y aparece la noticia de otra que la mataron, otra que pudo salir.
Tomamos el café con leche y nos cuentan que está en duda si la ILE continuará mientras preparamos la mochila del jardín de lxs hijxs. Escuchamos una diputada diciendo que los hombres deberían poder borrarse de la paternidad, nos reímos irónicas ¡como si alguna vez hayan necesitado una ley para borrarse! Debemos tener cuidado de no lastimar la sensibilidad de los compañeros, de los esposos, de los vecinos porque ellos sufren con nuestros malos tratos.
Cierran el INADI y sabemos que es un ataque directo a nosotras, porque también somos las que desde el movimiento tomamos estas causas, sabemos que no funciona perfecto, pero parece que ahora no podemos ni quejarnos. Quieren cerrar el Ministerio de géneros y diversidades, claro, es gasto innecesario. Mientras cada 26hs una de nosotras muere.
El presidente comparte un meme de tres tipos violando a un gobernador. Tres tipos violando en un meme, se nos cierra la garganta, no nos resulta un chiste, porque conocemos por lo menos a una que fue abusada. Pensamos que ese miedo que nos acompaña mientras caminamos y que ellos nunca sentirán, nunca van a sentir el miedo que se apodera cuando cruzas un flaco en la calle y estás sola, pensamos: “prefiero que me robe a que me violen” porque no sé cómo voy a hacer para seguir. A la vez, nos respondemos “voy a seguir, hay miles y miles de mujeres que luchan y salen” soy mala feminista concluyo.
Nos da miedo gritar y que nos traten de desequilibradas, locas: debo tener fundamentos. El techo de cristal parece de cemento y cuando pudimos rajar el techo somos impostoras. Otra noticia, se prohíbe el uso del lenguaje inclusivo, tranquilas compañeras, nos dicen: es una herramienta distractoria.
Le pegan durante una semana en redes a una artista mujer y compañera, calma, no es importante, solo un misógino más volcando su frustración y de vuelta lo usa para que hablemos de Lali y no del avance que viene haciendo el gobierno contra el pueblo. Culpa, sentimos culpa, porque no explicamos lo suficientemente bien, porque tenemos que demostrar que la mitad de la población es importante… Aunque no lo crean, ¡somos la mitad de la población!
Es nuestra culpa que gobierne Milei, entonces, teníamos que demostrar fuerza y escuchamos a los compañeros “deconstruidos” hablando de nuestra lucha y la importancia de nuestra presencia en la calle, ese mismo que te calla en las reuniones, ese que te habla de forma paternalista y cree que lo que dice es lo más importante y que además te va a explicar cómo debemos organizar nuestra lucha, es que claro, nosotras no entendemos.
Fue nuestra responsabilidad llegar acá y ahora es nuestra responsabilidad salir de esta situación. ¿Qué raro no? Porque las estructuras políticas siguen siendo tan patriarcales como siempre, ojo, ahora nos dan el espacio para discutir las cosas de mujeres, nos crean hasta secretarias. Lo que sí, las estrategias, las tácticas de la organización siguen siendo las mismas de siempre, las patriarcales, ahí no es tan importante nuestra palabra.
¿Quiénes se juntan en las reuniones de rosca? ¿Cuántos dirigentes varones nos llevaron acá? En pequeños símbolos nos recuerdan que nuestra lucha no es tan importante, parece que no es importante hablar de violación, de abuso, de violencia, de odio, de control, de muerte, de femicidios, de travesticidios. Son distracciones, no hay tiempo para tratarlo, ahora hay hambre.
La violencia es constante, a cada segundo, en cada posteo, es como un maremoto de cachetazos y buscamos construir hogar, las que podemos, otras no tienen donde huir, se la tienen que aguantar.
¿Nos van a decir a nosotras cómo nos ajustan con el hambre? Justo a nosotras, que estamos al frente de las ollas, que pensamos en el futuro de las próximas generaciones, que atendemos masivamente en las escuelas, que nos deslomamos buscando soluciones en un mundo injusto, que fuimos la última marea. ¿A nosotras? A las culpables, las histéricas, las locas, las desorganizadas, las que no saben de política, las que lloramos, las que reímos, las que marchamos con un grito de lucha que sale de lo más profundo, ¿a nosotras? que tenemos el dolor clavado en el fondo del corazón, que le explicamos a nuestras nenas que saldremos por ellas porque tenemos miedo de su futuro. ¿A nosotras? que nos preocupamos por las viejas, por las jóvenes, por las niñas. ¿A nosotras? que callamos muchas veces para no confrontar, ¿a nosotras? que nos hemos perdido, sin saber quiénes éramos ¿A nosotras nos van a venir a explicar?
En el retumbar de la multitud somos millones, vamos construyendo el tsunami. Solo miren como la ola se llevará la playa y lavará el futuro. Dispuestas a luchar, estamos acostumbradas, lo seguiremos haciendo hasta que la humanidad sea justa, seguiremos con la sonrisa de todas, con las lágrimas, con el dolor, con la bronca, con la convicción y la esperanza porque sabemos, mujeres, que si un día no volvemos otras lucharan por nosotras.


*Lucía Natividad Díaz. Actriz, estudiante de la Lic. Artes UNSAM, militante política y feminista
Gracias Lucía!!!! Creciste tanto… Sos enormemente humana y te abrazo desde Ezpeleta. Disfruté tus sentipensares y me hizo muy bien leerte y leernos!!!!
Toda esta sociedad violenta y violentada por todos los hambres que toca padecer, es el enorme pataleo que infringe el patriarcado que sabe que tarde o temprano se va desmoronar y esta tarea de mujeres conscientes de que hay otra manera de hacer de la vida; Vida y no horrendos vestigios del infierno, de los cuales la Muerte se espanta por el rostro que le diseñaron, porque la Vida y la Muerte (femeninas ) fueron violadas en su sacralidad, como la Tierra nuestra Madre que ha sido despojada de todas las maneras.
Así que una mujer es la última forma de salvación, porque una mujer sabe hacer vida.
va, y no envoltorios mortuorios de los cuales la Muerte que se espanta del rostro que le dieron
Es tan bello y tan genuino y visceral . Gracias Lucia .
Gracias Lucía, has puesto en palabras lo que otras no hemos sabido cómo hacerlo.
Maravilloso, muchas gracias por estas palabras.
Excelente Lucía! Gracias