
Por María Eva Koutsovitis*
Diciembre, febrero y marzo mostraron a la Ciudad colapsada por las lluvias. Y si bien escuchamos que el colapso de la Ciudad es por culpa de las fuerzas del cielo, si analizamos con un poco más detalle la información del Servicio Meteorológico Nacional (SMN) resulta que el acumulado de lluvias en los últimos 12 meses se encuentra por debajo del promedio de los últimos 30 años. Por lo tanto, repetir todos los meses que estamos frente a eventos extraordinarios, no tiene correlato con la realidad de quienes se inundaron en diciembre, en febrero y en marzo.

Precipitación acumulada respecto al promedio del período 1991-2020 https://www.smn.gob.ar/clima/vigilancia
Las lluvias también ponen en evidencia la desigualdad territorial. En muchas de las villas porteñas, las inundaciones ocurren cada vez que llueve, pero nunca son noticia. Son miles las familias que se inundan con agua de lluvia mezclada con líquido cloacal y que pierden todo luego de cada lluvia.
Fotos de la tormenta del 13 de marzo del 2024 en la Villa 21-24 y en Villa 20.
Las inundaciones son, en principio, el resultado de un fenómeno natural, las lluvias intensas. Sin embargo, la ocurrencia o no de una inundación depende no sólo de la intensidad de la lluvia, sino también de la capacidad del suelo para retener e infiltrar el agua y de la infraestructura prevista para contener y evacuar las aguas pluviales excedentes. Por lo tanto, la problemática de las inundaciones no puede reducirse solamente a la existencia de lluvias intensas y obras inadecuadas, sino que debemos abordarla en el contexto del modelo urbano, el ordenamiento territorial y los usos del suelo. La Ciudad de Buenos Aires está atravesada por caudalosos arroyos que desembocan en el río de la Plata. De norte a sur tenemos al Arroyo Medrano que tiene desarrollo en los partidos de Tres de Febrero, San Martin y Vicente López y atraviesa el norte de la Ciudad de Buenos Aires. El Arroyo Vega que nace y desemboca dentro de los límites de la Ciudad. El Arroyo Maldonado, también con nacientes en la provincia de Buenos Aires recorre buena parte de la Ciudad bajo la avenida Juan B. Justo atravesando los barrios porteños de Liniers, Versalles, Villa Luro, Floresta, Villa Santa Rita, Villa Crespo, Palermo. Los arroyos del sur de la Ciudad, como por ejemplo el arroyo Cildañez, desembocan en el Riachuelo, una de las cuencas hídricas más contaminadas del mundo que descarga sus aguas en el rio de Plata. En total son once las cuencas que atraviesan la Ciudad de Buenos Aires: Medrano, Vega, White, Maldonado, Radio Antiguo, Ugarteche, Boca-Barracas, Ochoa-Elía, Erézcano, Cildañez y Larrazábal–Escalada.
Hace casi un siglo que, para resolver la contaminación creciente de los arroyos urbanos, la solución de entonces consistió en entubarlos construyendo mega túneles enterrados. Hoy existe un consenso generalizado respecto al fracaso del entubado de ríos y arroyos. Ya que no sólo no resuelven el problema de la contaminación, sino que el entubado limita el caudal de escurrimiento, los taponamientos por sedimentación son frecuentes, el riesgo hídrico se invisibiliza creando una falsa sensación de seguridad para sus habitantes, la posibilidad de autodepuración que tienen los cursos naturales se anula y por supuesto se destruye toda la biodiversidad acuática y terrestre.
La Ciudad de Buenos Aires, de acuerdo con el Plan de Acción Climática 2050, enfrenta tres amenazas de origen natural: las inundaciones pluviales, las inundaciones costeras y las olas de calor. Y para mitigarlas resultan claves las superficies verdes, el arbolado y la recuperación del borde costero. Generar en la costanera porteña un biocorredor nos permitiría recuperar y preservar sus humedales, mitigar eventuales ascensos del nivel del rio, permitir que los vientos frescos ingresen desde la costa hacia la Ciudad para mitigar las olas de calor, reducir el impacto de las inundaciones y desafiarnos a desentubar progresivamente desde la desembocadura hacia aguas arriba los arroyos entubados. Mientras las ciudades del mundo, en el marco de paradigmas de sustentabilidad ambiental, están recuperando los bordes ribereños, desentubando sus arroyos, construyendo biocorredores y diseñando obras de infraestructura compatibles con la preservación de los ecosistemas urbanos; la actual gestión de la Ciudad de Buenos Aires, que gobierna desde diciembre de 2007, ha implementado en estos 16 años un nuevo plan para entregar el sector de la ciudad adyacente al Río de la Plata a la corporación especulativa inmobiliaria. La venta definitiva de Costa Salguero para la construcción de torres de suntuosas; el relleno del río de la Plata en la Costanera Norte para construir BA Playa en lugar de recuperar las concesiones ilegales que desde la década del 90 ocupan la costanera; el proyecto en la Costanera Sur del grupo económico IRSA junto al gobierno porteño de construir un nuevo Puerto Madero llamado Costa Urbana al lado de la reserva ecológica destruyendo uno de los pulmones verdes más importantes de la Ciudad y uno de los pocos humedales que aún conserva; son sólo algunos ejemplos.
El negacionismo de la crisis climática por parte del poder político incluso llega a plasmarse en una de las leyes más relevantes para el planeamiento de la Ciudad, cómo lo es el Código Urbanístico. Esta ley plantea que el borde costero no debe considerarse zona de riesgo hídrico.

Mapa de Áreas de Prevención de Riesgo Hídrico
Fuente: Anexo III Atlas. Código Urbanístico
Muchas de las lluvias que inundan a la Ciudad, hace 30 años no la inundaban. La sobreconstrucción, la mutilación del arbolado público y la destrucción sistemáticas de las superficies verdes son determinantes para que una lluvia que en el pasado no nos inundaba hoy nos inunde. Sólo en la última década se han privatizado el equivalente a 75 Plazas de Mayo de superficie verde absorbente. Y en septiembre del 2020, en plena pandemia, el gobierno porteño modificó el Código Urbanístico para transformar en estacionamientos de autos los pulmones verdes de manzana.
En paralelo la lógica del despojo avanza con la cementación de la Costanera y el deterioro, fragmentación y destrucción de nuestras superficies verdes y el arbolado público, la temperatura máxima anual ha aumentado casi 1°C en las últimas tres décadas.
Fuente: Servicio Meteorológico Nacional. Estación Meteorológica Observatorio Buenos Aires (OCBA). Elaboración Propia
Fuente: Servicio Meteorológico Nacional. Estación Meteorológica Observatorio Buenos Aires (OCBA). Elaboración Propia
El gobierno porteño promociona la construcción de nuevos mega túneles entubados de los arroyos Maldonado y Vega como obras vanguardistas de ingeniería. Gestionar las aguas lluvias construyendo túneles cada vez más grandes, completamente fuera de toda escala humana, responde a un paradigma superado, que nada tiene que ver con el actual régimen de precipitaciones ni con la morfología urbana de la Ciudad. Replicar soluciones obsoletas e ineficaces, que atrasan un siglo, sólo puede explicarse a partir del enorme negocio que generan la utilización de esas grandes tuneleras.
Foto del nuevo túnel del Arroyo Maldonado
Fuente: https://www.buenosaires.gob.ar/noticias/un-viaje-por-el-tunel-del-arroyo-maldonado
Lo eficiente, como sucede en otras ciudades del mundo, es gestionar el agua de lluvia donde cae, reteniéndolas y potenciando los procesos de infiltración. Los nuevos paradigmas basados en soluciones aportadas por la naturaleza, denominados por sus siglas SUDS (Soluciones Urbanas de Drenaje Sostenible) se caracterizan por retener las aguas de lluvia donde caen utilizando diferentes dispositivos distribuidos en el territorio urbano que nos permiten además preservar el paisaje, recuperar los ecosistemas urbanos, mejorar la calidad de las aguas de lluvia a través de su filtrado utilizando vegetación. Terrazas verdes, pavimentos permeables, sistemas de retención y colecta de aguas de lluvias en los techos de las edificaciones, reservorios temporales en zonas deprimidas de parques y plazas que se ocupan con agua de lluvia generando un paisaje acuático y luego se vacían cuando la lluvia pasa.
Desde la inundación del 2 y 3 abril del 2013, las distintas asambleas de inundados vienen reclamando al gobierno de la Ciudad democratizar los sistemas de alertas y elaborar un plan de contingencia. La Ciudad no cuenta con un plan de contingencia o un plan de manejo para que la población sepa cómo manejarse frente a un evento extraordinario: ¿Qué tenemos que hacer cuando hay alerta de vientos fuertes o cuando hay alerta de tormentas? ¿Qué zonas debemos evitar? ¿Cuáles son las vías de evacuación? ¿Dónde se encuentran los lugares seguros? El Jefe de Gobierno Jorge Macri por Twitter, durante la última tormenta, recomendaba caminar con cuidado, manejar con precaución y retirar las macetas del balcón. En muchas ciudades las alertas se comunican a la población a través de mensajes de textos, utilizando las redes, o a través de dispositivos de comunicación oficial. El gobierno porteño destina más de 110 millones de pesos por día en propaganda y pauta oficial. Es urgente destinar parte de ese exorbitante presupuesto a la gestión del riesgo, por ejemplo, comunicando adecuadamente las alertas meteorológicas. Las imágenes de autos flotando bajo los túneles de la ciudad se repiten cada vez que sucede una lluvia intensa.
Túnel Spinetta en Avenida Congreso 3900 CABA
Fuente: https://www.telam.com.ar/notas/202111/576289-lluvias-anegamientos-ciudad-de-buenos-aires.html
Sino pensamos integralmente y en el contexto del espacio urbano el conjunto de las políticas hídricas, la Ciudad de Buenos Aires va continuar inundándose. Necesitamos reemplazar el modelo hegemónico y patriarcal de las mega obras de ingeniería por obras a escala humana que puedan dialogar con el paisaje y los ecosistemas urbanos. Y por supuesto este desafío implica necesariamente poner en debate nuevas urbanidades basadas en la democracia participativa ambiental.

* María Eva Koutsovitis universitaria y militante popular


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Prosigo con el análisis del artículo, resaltando lo acertado de remarcar una de las causas de las inundaciones, pero que excede sus consecuencias: el extractivismo inmobiliario y urbano, que podríamos llamar también urbanismo neoliberal, una nueva idea y, por tanto, en construcción, que permita atender a las problemáticas y las desigualdades en las ciudades, no como elementos aislados entre sí, sino como resultado de un modelo de desarrollo determinado y planificado: Una lógica especulativa rentista donde la vivienda que se produce no necesariamente se construye para responder a una necesidad habitacional; el suelo y la vivienda aparecen como instrumentos de acumulación financiera. Esto produce deseconomías (pro ejemplo aumento injustificado de los precios de las viviendas al no ponerse en el mercado), perjuicios urbanos y ambientales por la pérdida de superficies absorbentes y acumulación de calor por reflejo en las paredes de hormigón y superficies vidriadas y espejadas, etc.
Ahora bien, la autora dice correctamente que no ha aumentado el promedio de precipitaciones en la región en los últimos años. Pero sí lo ha hecho la intensidad. Sólo unos pocos trasnochados como nuestro presidente niegan que las actividades humanas están provocando un cambio climático y un calentamiento global, por lo que los eventos climáticos extremos, incluidas las olas de calor, las lluvias torrenciales y las sequías, sean más frecuentes y severas. Es sintomático que la temperatura media del planeta se ha incrementado desde la revolución industrial, y especialmente en el siglo XX.
(en la región de La Plata, por ejemplo, los eventos más extremos se produjeron en el 2008 y el 2013). En consecuencia hay un aumento del nivel del océano (afortunadamente no tanto en estas latitudes) y del calentamiento del agua, desaparición de especies y mayores riesgos para la salud humana, como por ejemplo la aparición del dengue en esta zona.
Puede parecer contradictorio que al aumentar las temperaturas las lluvias son más extremas. Esto se explica porque los gases de efecto invernadero de la atmósfera son como una cobija que dificulta a la Tierra la dispersión del calor hacia el espacio. Cuantos más gases de efecto invernadero contiene, más «gruesa» se vuelve esta cobija. En respuesta, la Tierra utiliza más la refrigeración por evaporación, del mismo modo que cuando el cuerpo suda y la humedad se evapora de la piel, arrastra calor con ella. Del mismo modo, el agua que se evapora de la tierra y los océanos se lleva el calor de esas superficies. Cuando la humedad sube, se condensa y luego cae en forma de lluvia, que con el consecuente aumento de la energía, hace que sean más intensas.
Las infraestructuras actuales no están preparadas para estos diluvios cada vez mayores, y eso pondrá vidas en peligro, como ocurrió en La Plata en 2013, con más de 70 muertos. En general, los urbanistas han diseñado los sistemas de drenaje de las ciudades para evacuar el agua de lluvia lo más rápidamente posible y evitar así las inundaciones. Pero a medida que las precipitaciones son más intensas, los canales y alcantarillas no pueden evacuar el agua con la rapidez suficiente.
las catástrofes no se producen debido a un aumento de las lluvias, sino a la combinación de factores complejos dentro de los cuales la falta de planificación urbana y la gestión inadecuada del riesgo son preponderantes.
Las lluvias son naturales (aunque existe un aumento en frecuencia e intensidad por el cambio climático, en parte causado por la actividad humana, pero en todo caso eso es de difícil control por nuestro país), las inundaciones no tanto, pero los muertos y daños causados por un temporal son consecuencia de las acciones o inacciones humanas.
Por eso, la atención en los países y ciudades cuyos dirigente se preocupan por el tema (aparte de tratar de hacer pagar las consecuencias a otros), se está centrando en hacer las ciudades más «esponjosas», con menos superficies impermeables donde pueda acumularse el agua, como el concreto, y más espacios verdes para que el agua pueda filtrarse a los acuíferos subyacentes para su uso posterior. Tenemos que cambiar la forma en que diseñamos las nuevas infraestructuras para que sean coherentes con el cambio que está provocando el calentamiento global, y con lo que ocurrirá dentro de 10, 20 y 30 años.
De acuerdo en general con el artículo, y con lo que dice Lito Merlo. El desarrollo urbano como está planteado, con el aumento caótico de la superficie construida y la consecuente disminución de las superficies absorbentes, la pavimentación progresiva de calles (con sus pro contra), la pérdida de suelo absorbente, han determinado un aumento del coeficiente de impermeabilidad y, sumado a las precipitaciones, aumento de la escorrentía superficial (Corriente de agua de lluvia que circula por la superficie y se concentra en los cauces). En vez de filtrarse al suelo, el agua es forzada hacia los cauces naturales. Agravando esto, existen grandes zonas altamente urbanizadas emplazadas sobre los propios cauces y zonas aledañas. Esta ocupación de los valles de inundación sería el origen de los mayores daños registrados durante las inundaciones, como la que ocurrió el 2 y 3 de abril en La Plata. En esta ciudad, como en otras, y especialmente en Caba, se han construido muchos edificios (en gran parte inversiones especulativas), sin las suficientes obras de desagüe y otras infraestructuras.
El artículo dice correctamente del error de entubar los arroyos. Hay una insuficiente capacidad de evacuación de los cauces. Como dice el documento “Estudios Hidrológicos Hidráulicos Ambientales en la cuenca del Arroyo del Gato de La Plata (Romanazzi, Pablo, y otro; 2007): ”El sistema actual de evacuación de excedentes pluviales en la cuenca del arroyo del Gato y otros se presenta insuficiente aún para tormentas frecuentes de baja magnitud. Los sistemas de desagüe fueron diseñados con hipótesis de menor urbanización, mayor superficie absorbente y tormentas menos intensas y de menor frecuencia. Durante las tormentas, la mayor parte de las conducciones funcionan a presión lo que provoca que la energía de la corriente intente salir por los sumideros y supere al terreno natural, con la consecuente presencia de agua circulando por las calles y la ciudad actuando como reservorio». A ello se suma en algunos casos la falta de mantenimiento de los arroyos y conductos. Ahora bien, la macana ya está hecha. Vivo en La Plata, y gran parte de la ciudad fue construida sobre los viejos cauces de los arroyos que la cruzan. La naturaleza tarda miles de años en formar un cauce natural, que es muy difícil alterar. El agua siempre busca el menor nivel. Sólo pueden ensayarse paliativos: como dice el artículo, recuperación de áreas verdes, terrazas verdes absorbentes, tratar de retener el agua de lluvia donde cae (ya lo decía Ameghino), con sistemas de retención y colecta de aguas mediante reservorios. Países insospechados de socialistas están promoviendo estas acciones, lo mismo que regulaciones contra el incremento de inmuebles ociosos. En EEUU se exigió a un Wall Mart y a varios otros, que colocara 3.000 metros de caños bajo la playa de estacionamiento, creando un reservorio.
La exposición a los peligros de inundaciones aumenta significativamente por la ocupación de las planicies de inundación de ríos y arroyos, y en las zonas más densamente urbanizadas, por la alteración total de los cauces que desaparecen o se convierten en canales entubados sin posibilidades de autorregulación durante una crecida. Éstas son las principales causas de las catástrofes urbanas producidas por inundaciones, independientemente de la relación directa entre inundaciones y precipitaciones: Coincidiendo con la autora y los mensajes, las catástrofes no se producen debido a un aumento de las lluvias, sino a la combinación de factores complejos dentro de los cuales la falta de planificación urbana y la gestión inadecuada del riesgo son preponderantes.
Las lluvias son naturales (aunque existe un aumento en frecuencia e intensidad por el cambio climático, en parte causado por la actividad humana, pero en todo caso eso es de difícil control por nuestro país), las inundaciones no tanto, pero los muertos y daños causados por el temporal son consecuencia de las acciones o inacciones humanas.
Un análisis muy claro, Ingeniera, señalanado pasado, presente e inquietantes perspectivas a futuro si se continúa con el señalado estilo de desarrollo urbano que destierraa la naturaleza generando riesgos innecesarios a la población, en pos de la especulación inmobiliaria.
No quiero dejar de mencionar y destacar que la Ingeniera Koutsovitis no sólo es una excelente profesional desde lo académico ya que ella conoce las problemáticas de la ciudad x haber acompañado y acompañar a distintos barrios y comunas frente a situaciones de riesgo en procura de proponer soluciones a las mismas, jerarquizando la experiencia y el conocimiento adquiridos por los pobladores en dichas situaciones.
Un adecuado análisis de situación que se replica en mayor o menor medida en cada una de las ciudades de nuestro pais por no privilegiarse, en su proceso de crecimiento, ninguna instancia seria de ordenamiento ubano territorial. Con la ordenación del territorio no sólo se define la organización de las actividades, sino que se precisan/determinan lineamientos que dirigirán el desarrollo territorial de cada ámbito, previendo los posibles conflictos y equilibrando las relaciones funcionales entre ellos, todo lo que se lleva a cabo con una activa participación en todo el proceso de planificación, de agentes públicos y privados, y en particular por parte de la población, concertando los intereses de cada uno en el logro de una imagen y un objetivo común. El Ordenamiento Territorial orienta las acciones de los sectores público y privado en la concreción de acciones que se manifiestan explícita e implícitamente en el espacio, como lo son las políticas y programas de desarrollo productivo en general, y de infraestructura, vivienda, servicios sanitarios, salud, educación, para ir alcanzando niveles crecientes de un hábitat justo y una ciudad integrada en un territorio integrado; y fundamentalmente, garantiza el acompañamiento de la población destinataria de las políticas diseñadas, por haber sido ésta, protagonista activa en todo el proceso de participación; es pertinente considerar este aspecto de participación popular como la garantía del éxito de un proceso de planificación territorial : expresa una de las herramientas virtuosas para reconstruir el protagonismo de lo público para tender a corregir las desigualdades a las que nos somete el sistema capitalista
Excelente.