Por María Eva Koutsovitis*

Durante los últimos 16 años de gestión macrista-larretista en la Ciudad de Buenos Aires el saqueo de lo público se consolidó como elemento estructural de la gestión. El plan sistemático de transferencia de recursos y bienes públicos a sectores privados empresariales tuvo como principales consecuencias la precariedad y la emergencia habitacional, urbanística y ambiental.

La Ciudad de Buenos Aires es la ciudad más rica del país y está entre las tres más ricas de Latinoamérica. El presupuesto 2024 supera los 5,7 billones de pesos, lo que equivale a casi 2 millones de pesos por habitante. 

No solo la ciudad dispone del mayor presupuesto per cápita destinado muchas veces a resolver cuestiones completamente ajenas al bien común, sino que además cuenta con los suelos urbanos más caros del país. Hablamos de suelo y de inmuebles. El acceso a ellos permite negocios inmobiliarios con una altísima rentabilidad. 

Los mecanismos del saqueo

  1. Privatización de la tierra pública

Cuando asumió Mauricio Macri como Jefe de Gobierno, a finales de 2017, inició un proceso de privatización histórico de la tierra pública que fue profundizado por las dos gestiones de Rodríguez Larreta. Se autorizó la privatización de un total de 500 hectáreas de tierras públicas, entre concesiones y ventas, de las cuales, aproximadamente 150 hectáreas correspondían a espacios verdes. 

En una primera etapa, con Rodríguez Larreta como Jefe de Gabinete, la venta de tierras públicas se inició con la venta de terrenos que se encontraban en barrios de alta capacidad económica que pertenecían a la ciudad.

La segunda etapa comenzó cuando Rodríguez Larreta asumió como Jefe de Gobierno y Mauricio Macri como presidente de la nación. Allí se abrió una oportunidad con relación a los terrenos nacionales ubicados en la ciudad, pertenecientes mayormente a playas ferroviarias en desuso. Nación vendía las tierras y la ciudad otorgaba la capacidad constructiva para garantizar jugosos negocios a los futuros compradores. 

  • Concesiones llave en mano

Rodríguez Larreta ha estructurado un sistema de concesiones donde el privado adjudicatario de la concesión no realiza ninguna inversión de capital propio y además se le garantiza una rentabilidad mensual. Cero riesgo empresarial.

Esta lógica es muy difundida en el marco de los servicios públicos. El GCBA invierte para el desarrollo de toda la infraestructura y equipamiento, concesiona el servicio y les garantiza una ganancia mensual a las concesionarias. La ecuación Larretista era 0 inversión privada + 0 cero riesgo empresarial = ganancia garantizada por el Estado. 

  • La regulación del uso y la capacidad constructiva del suelo

En el año 2018, se aprobó el Código Urbanístico que incrementó la capacidad constructiva en toda la ciudad desde un 300% hasta un 700% dependiendo las zonas. La expansión de la sobreconstrucción fue orientada a los sectores residenciales de casas bajas de los barrios de Núñez, Bajo Belgrano, Barrio Parque General Belgrano, Villa Devoto, Villa Del Parque, Chacarita, Villa Crespo, Villa Santa Rita, Villa Ortuzar, Colegiales, etc.

A la sobreconstrucción habilitada por el Código Urbanístico, se le sumó un recurso muy utilizado durante el segundo mandato de Rodríguez Larreta: los convenios urbanísticos, excepciones inmobiliarias para construir por fuera de lo permitido torres y megatorres. 

¿Cuáles son las consecuencias del saqueo?

Las consecuencias del modelo de saqueo de nuestros bienes comunes son el actual estado de emergencia multidimensional que atraviesa la Ciudad. Esta lógica de vaciamiento también alcanza dimensiones como la historia, la identidad y la memoria dando lugar a la construcción de “ajenidad” que nos invade cada vez con más frecuencia a quienes habitamos la Ciudad. Los cambios y transformaciones profundas de la Ciudad de Buenos Aires inconsultos, autoritarios y muchas veces inconstitucionales, nos limita a ser simples espectadores urbanos en lugar de protagonistas de cómo queremos vivir. 

La Ciudad de Buenos Aires es de las capitales del mundo con menos espacio verde por habitante, con menos de la mitad del arbolado público que recomienda como parámetro saludable la OMS, donde 1 de cada 7 porteños no accede formalmente al agua potable y 1 de cada 6 se encuentra en emergencia habitacional. 

Un modelo urbano que solo reproduce y amplifica desigualdades a la vez que consolida la precariedad en todas sus formas. Mientras en promedio 1 de cada 4 habitantes de la Ciudad superan los 60 años, en la Comuna 8 del sur de la Ciudad, más precisamente en el centenario barrio de Villa 20, solo 4 de cada 100 habitantes logran superarla. 

La política del GCBA de estímulo a la sobreconstrucción iniciada con el Código Urbanístico y el Código de Edificación se complementó con la sanción de excepciones para la construcción de torres suntuosas y la privatización histórica de tierras públicas, que alcanzó un récord en esta última década, superando las 500 hectáreas de tierras públicas privatizadas, el equivalente en superficie a los barrios de San Telmo y La Boca. Cuando recorremos los barrios de casas bajas vemos como las grandes torres irrumpen destruyendo la morfología y la identidad barrial, imponiendo sus sombras y colapsando el conjunto de los servicios urbanos. Estas políticas urbanas son impuestas autoritariamente sin instancias reales de participación ciudadana.

Actualmente, existen entre 150.000 y 200.000 inmuebles ociosos. La construcción es una de las fuentes de contaminación más importantes a nivel mundial (produce el 39% de las emisiones de CO2). 

En los últimos 10 años se construyeron 10 millones de metros cuadrados, es decir el equivalente a 5 Puertos Maderos. Sin embargo, mientras se construyó a razón de un nuevo Puerto Madero cada 2 años, la cantidad de familias en emergencia habitacional aumenta año tras año. Los mayores porcentajes de viviendas ociosas corresponden a los barrios de Puerto Madero, Recoleta y Palermo lo que evidencia su carácter especulativo. Actualmente, el 40% de la población de la ciudad es inquilina y debe destinar casi el 50% de sus ingresos a pagar el alquiler. 

En los últimos 13 años, la Ciudad privatizó 150 hectáreas de superficies verdes públicas. Los datos oficiales revelan que los valores medios de superficie verde por habitante en la Ciudad de Buenos Aires (6 m2) se encuentran muy por debajo de los estándares internacionales recomendados (entre 10 y 15 m2). Sin considerar cementerios, plazoletas secas, maceteros, bulevares, jardines verticales y otras categorías similares, la cifra real es de 4,7 m2/habitante. Este indicador ambiental no se distribuye de manera uniforme en el territorio, resultando extremadamente crítico en las villas porteñas, donde alcanza valores 100 veces menores a los recomendados. El promedio de arbolado público por habitante en la ciudad (1 árbol cada 7 habitantes) es inferior a la mitad de lo recomendado por la Organización Mundial de la Salud (1 árbol cada 3 habitantes). Y en las villas porteñas recién cada 100 habitantes encontramos un árbol. 

En la ciudad, el modelo urbano ha potenciado el fenómeno de calentamiento. La temperatura máxima anual aumentó dramáticamente casi 1°C en las últimas tres décadas. Y la desigualdad también alcanza a la dimensión climática. Durante un día caluroso podemos encontrar entre 15°C y 20°C más de temperatura en el centro y sur de la Ciudad respecto al norte y la Costanera. 

La apropiación de nuestra costanera y el río es una excelente síntesis de la lógica de este modelo de saqueo. La cementación y ocupación del borde costero con la construcción de murallas de viviendas suntuosas está consolidando una nueva fractura urbana, entre una Buenos Aires ribereña destinada al 3% de la población de mayores ingresos, y una Buenos Aires mediterránea de espaldas al rio sin derecho al horizonte. Y una vez más, las víctimas del despojo vamos a tener que hacernos cago de sus consecuencias, porque los impactos ambientales van a ser irreversibles. Aumento las frecuencias de inundaciones, destrucción de los humedales costeros y de la biodiversidad ribereña, modificación de las condiciones de asoleamiento, deterioro de la calidad del aire y la aceleración del fenómeno de calentamiento urbano. 

* María Eva Koutsovitis universitaria y militante popular